V.S. Pritchett en Inrocks

3 dic

En “On Writing”, un artículo que escribió para The New York Times en 1981, Raymond Carver pasa lista a las definiciones que desde el siglo XIX se hicieron del short story. Entre las distintas sentencias disponibles, se interesa por las que vienen del lado de Chéjov: el cuento depende de un momento de revelación, pero no de una trama intrincada ni de giros sorpresivos. En esa línea, Carver explora respuestas hasta que, al final, da con la cita que busca: “Un cuento es algo que se ve de reojo, mientras pasa”. La cita es del inglés Victor Sawdon Pritchett, más conocido como V.S. Pritchett, aunque lo de conocido es, en este caso, relativo: si bien la literatura de Pritchett está muy difundida en Inglaterra y los Estados Unidos, casi no ha sido traducida al español. Esa deuda empezó por resarcirse según una cronología extraña. Hace más de cincuenta años, una editorial mexicana publicó dos de sus primeras novelas (El muerto manda y Curtido en alma y cuerpo) y este año, el Fondo de Cultura Económica editó, también en México, El viaje literario, una serie de ensayos sobre escritores viajeros. Ahora, en Argentina, con la publicación de Amor ciego, La Bestia Equiláterahace lo que parecía más lógico desde el principio: traducir algunos de los cuentos que hicieron famoso a Pritchett para toda la literatura anglosajona.

Nacido en 1900 y muerto en 1997, Pritchett es ya un hombre de otra época. De ese anacronismo da cuenta la definición que de él hizo Paul Theroux y que la contratapa de Amor ciego registra: “El último hombre de letras”. Algo de eso hay en la vida de este escritor autodidacta que dejó la escuela a los quince años para trabajar, viajar y leer todo lo que estuviera a su alcance, y también en el tamaño monumental de su obra: sólo sus Complete Collected Stories, publicadas en 1991, suman unas mil páginas. A pesar de que su larga carrera registra altibajos, sus cuentos hicieron siempre un culto de la construcción de situaciones ordinarias hasta el detalle que las vuelve extrañas, y de un oído magistral para el diálogo. Eso ya se ve en sus relatos primerizos. En “A Serious Question”, por ejemplo, un cuento que pasó desapercibido al publicarse, con una única línea de diálogo alcanza para reflejar las aspiraciones sociales y los prejuicios de la protagonista: “–Bueno –dijo ella–. ¿Qué tiene? ¿Qué importa? No somos tan pobres como la Señora Radfield. Nosotros no tenemos hijos”.

Estas características se pueden leer también en los seis cuentos que integran Amor ciego, que pertenecen a distintas etapas de la producción de Pritchett y que siguen dos hilos conductores: son algunos de sus cuentos más celebrados y todos ellos tienen por eje temático el amor (en sus muy distintas formas).

Es cierto que las brechas temporales entre los cuentos pueden hacer algún ruido. Entre “El sentido del humor” y “El santo”, dos de sus primeros relatos en ser reconocidos, y “Amor ciego” o “El regreso” hay una distancia no sólo en extensión (los segundos los triplican en páginas) sino también en complicaciones narrativas (los primeros son mucho más simples). Pero Pritchett siempre cumple con algunas características que le garantizan el éxito. En este sentido, es un justo heredero de la tradición del cuento moderno: aunque no haya giros narrativos ni sorpresas al final, todo detalle está al servicio del enrarecimiento del ambiente y de una historia subterránea que emerge en cuentagotas sobre la superficie del relato. Sin embargo, y a diferencia de varios epígonos de Chéjov, Pritchett se permite otras virtudes: narradores que acotan sin juzgar, buenas dosis de ironía (sobre todo en “La belleza de Camberwell”y “El esqueleto”) y explícitas metáforas descriptivas que se despegan del mero detallismo simbólico.

En “El Santo”, por ejemplo, el narrador recuerda cómo, cuando era adolescente, llevó a pasear en bote al líder de su congregación religiosa, una especie de secta que creía que todo aquello que era malo en el mundo no era sino un engaño de nuestros sentidos. En ese paseo en bote, el hombre cae al río y luego, cuando se acuesta al sol (convencido de que no debe cambiarse la ropa por otra seca, porque la enfermedad y la caída no han existido en realidad) se llena de un polen producido por la humedad de color amarillo. El narrador lo ve entonces como un ser dorado, producto de una alquimia accidental: “El hombre es un santo, pensé. Tan santo como cualquiera de las figuras bañadas en oro de las iglesias de Sicilia”.

Pritchett también maneja con solvencia el factor tiempo, lo que le permite alternar entre escenas del presente narrativo, el pasado y el futuro sin problemas. De esos saltos acotados resultan yuxtaposiciones casi epifánicas. Esto funciona sobre todo en “Amor ciego” (el mejor cuento del libro), un largo relato sobre la relación entre un hombre ciego y millonario y su secretaria, una mujer con una extensa mancha en el torso. Los dos han sido abandonados por sus parejas debido a sus defectos físicos, pero el narrador (en tercera persona), lejos de regodearse en lo morboso de la situación, le da vida a esos defectos en todo su patetismo y en su belleza imposible.

Por un lado, Pritchett enfatiza el hecho común hasta que lo desnaturaliza. Por otro lado, trata aquello que es extraordinario como si fuera evidente. Así, un detalle trivial como que la gente en la calle le abra el paso al hombre ciego se vuelve, en ojos de la secretaria, la primera evidencia de la carencia de su jefe. Y, al revés, que el hombre ciego pueda decir que ella viene de jugar al tenis por su olor (“Huelo pelotas de tenis y césped”) aparece como el dato más normal de todos.

“Me convertí en un extranjero. Porque eso es, para mí, un escritor: un hombre que vive al otro lado de una frontera”, escribió Pritchett al final de A Cab at the Door, el primer volumen de su autobiografía. Así pueden leerse todos los cuentos de Amor ciego: como el esfuerzo desesperado de un hombre que escribe para hacer foco y llegar a comprender la estela que deja todo aquello que pasa, de repente, a un mundo de distancia.

Lucas Mertehikian

Fuente: http://www.losinrocks.com/libros/amor-ciego-de-v-s-pritchett

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