Una misma novela, tres tapas, más de una lectura

25 abr

Y quizás los objetos podían ser
cualesquiera, quizás no estaban
predeterminados sino al revés: eran
ellos los que determinaban el curso de
los acontecimientos; el cliente podía
llevarse unos u otros, al azar, de la gran
variedad disponible: y según cuáles
fueran así sería la aventura que viviría
su portador.
César Aira, El mármol

Es sabido que César Aira publica varios libros por año, en distintas editoriales, en distintas ciudades del mundo. Nadie tiene una idea exacta de cuántos libros lleva publicados hasta hoy, y sospechamos que ni el mismo Aira lo sabe. En La Bestia siempre lo hemos admirado mucho, y cuando nos llegó El mármol, una novela llena de sorpresas, nos propusimos homenajear a Aira y a su obra proliferante desde la misma edición.

Se nos ocurrió una idea simple y divertida: hacer tres portadas, cada una con una contratapa y una solapa biográfica distintas. A pesar de su brevedad, la novela misma invitaba a más de una lectura, a más de un modo de “entrar”, y eso fue lo que intentamos reflejar. Aira fechó El mármol el 21 de diciembre de 2009. El arte de tapa es de Juan Pablo Cambariere. Nuestra primera edición de 1.500 ejemplares (500 en cada versión) se imprimió y salió a la venta en febrero de 2011. La que hoy se consigue en librerías, y que reimprimimos varias veces, es la que más les gustó a los lectores, pero a nosotros nos encantan las tres:

A falta de cambio, el cajero de un supermercado chino le ofrece al protagonista de esta novela que elija entre un montón de naderías. Resignado, el hombre manotea al azar unas pilas chinas, un ojo de goma con luz, una tabla de proteínas, una hebilla dorada, una cucharita lupa, un anillo de plástico y una cámara fotográfica del tamaño de un dado. Ignora que al salir lo espera una aventura, y que a esos objetos que cree inútiles podrá darles una función insólita en cada capítulo de sus andanzas.
Las novelas de César Aira convocan a un lector dispuesto a jugar con él el juego de la improvisación. Con la irreverencia de un niño y la inocencia de un artista genial, Aira consigue lo imposible: crear la sensación de que lo que cuenta va naciendo, frase a frase, en el puro presente del lector.
Heredero de las vanguardias del siglo XX, César Aira encontró en sus procedimientos un atajo hacia la fuente primordial de la narración y, con más de sesenta novelas publicadas, ha creado una obra entregada al riesgo y tocada por la gracia de una rara libertad.

César Aira nació en Coronel Pringles en 1949. Vive en Buenos Aires desde 1967. Publicó más de sesenta títulos, entre ellos: La luz argentina; Los fantasmas; La guerra de los gimnasios; La villa y Las noches de Flores, pero también obras como El infinito; La trompeta de mimbre; El juego de los mundos; La pastilla de hormona y Mil gotas. Sus libros han sido traducidos al inglés, francés, italiano, alemán y a otras lenguas. En una entrevista, contó cómo escribió una de sus primeras novelas: “Un día estaba dando un examen de literatura argentina en la facultad. (…) El profesor me interrumpió diciendo que así no se podía exponer la obra de Borges. Me produjo tal indignación que me quisieran decir cómo hablar de Borges que salí del examen y, al día siguiente, me puse a escribir Las ovejas, una novelita donde los animales, a causa de la sed, descubren el idealismo. Tenía veinte años y en ese texto escribí mi versión de Borges, para que nadie volviera a decirme qué es la literatura”.


Sentado sobre un mármol, un día el narrador de esta novela observó su cuerpo desnudo y sintió una “íntima satisfacción”. Pero ¿en qué circunstancia lo hizo? ¿Lo habrá soñado? ¿Lo estará inventando? El mármol es un largo rodeo por las tierras de la memoria y la fantasía en busca de una explicación. En el camino aparecerán una extraña amistad, supermercados chinos, mundos extraterrestres iguales al nuestro y un sapo de piedra (que late) en el que acaso se cifren los destinos de la humanidad o al menos de un par de paladines de ocasión.
El yo que narra es la aventura secreta dentro de esta aventura, y como en un juego de develamientos, César Aira va dibujando el perfil de un hombre melancólico, culposo, xenófobo, mantenido por su mujer, al que la realidad –insospechada como en todas sus novelas– le tiene reservada una nueva alianza con la vida.

César Aira nació en Coronel Pringles en 1949. Vive en Buenos Aires desde 1967. Publicó más de sesenta títulos, entre ellos: El llanto; Diario de la hepatitis; Cumpleaños; Fragmentos de un diario en los Alpes; El tilo; Cómo me reí; La vida nueva. Es autor de libros de ensayos como Copi; Nouvelles impressions du Petit Maroc; Alejandra Pizarnik; Las tres fechas; Edward Lear. Además de innumerables best-sellers, tradujo a Jane Austen, John Franklin Bardin, Allen Tate, Jan Potocki, Stephen King, Ray Bradbury y J.R. Ackerley. En una oportunidad escribió: “Eso es la literatura entonces. Una especie de efecto feliz que no tuvo causa”.

Un hombre va de compras a un supermercado chino y el cajero, a falta de cambio, le ofrece algunos cachivaches, entre ellos unos misteriosos glóbulos de mármol. Al salir, el encuentro con un joven dispara una serie de aventuras que involucran la promesa de un premio, el hallazgo de una cantera en el bajo de Flores y a una pandilla de supermercadistas chinos llegados de otro planeta, idéntico al nuestro. La vida –y no solo la de estos personajes– gana nuevas dimensiones.
Con César Aira entramos enseguida en el terreno de la fábula, y esta vez el protagonista secreto es un sapo de piedra, un adorno olvidado, semienterrado en un jardín: “Hablando con propiedad, la imaginación, ¿para qué sirve? ¿No es ella también, y ella en primer lugar, un objeto sin función aparente incrustado en la mente? Son los objetos extraños los que le crean una función…”.
Las materias de Aira –las volteretas que puede provocar una simple transacción de dinero, la repetición y la proliferación, lo insólito en lo cotidiano, lo microscópico y lo cósmico– alcanzan en El mármol una asombrosa condensación. Un fervor único, delicado, se apodera de esta novela y del lector, capturado por el encanto de quien escribe creyendo que la literatura es el mejor de los juegos –de los mundos– posibles.

César Aira nació en Coronel Pringles en 1949. Vive en Buenos Aires desde 1967. Publicó más de sesenta títulos, entre ellos: Moreira; Ema, la cautiva; El vestido rosa. Las ovejas; El bautismo; La liebre; La costurera y el viento; Un episodio en la vida del pintor viajero. En su formidable Diccionario de autores latinoamericanos, escribió sobre Braulio Arenas: “Aunque prolífico, Arenas conservó algo de ‘novelista aficionado’, de poeta que experimenta con una forma que no es la suya y lo hace con singular libertad, sin condescender en moldes o mecanismos convencionales. Inventó su propia técnica y la reinventó en cada libro”. Algo no muy distinto podría decirse de este inclasificable escritor argentino.

No hay ningún comentario aún

Déja un comentario