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¿Guebel por Levrero?

14 ene

Así es. Allá por 1991, Jorge Varlotta, el primer yo de Mario Levrero, publicó en el suplemento cultural de El País de Montevideo un artículo en el que se ocupaba de cuatro novelas argentinas. La excusa eran ciertos aires chinos que perfumaban la narrativa local de entonces. La Perla del Emperador estaba entre ellas, junto con Una novela china de Aira, La mujer en la muralla de Laiseca y La ciudad sin noche de Ernesto Schoo. Transcribimos el fragmento correspondiente a la novela de Guebel.

Salgari hoy

César Aira fue uno de los tres jurados que otorgaron el premio Emecé 1989-1990 a La Perla del Emperador, de Daniel Guebel. Ambientada en el mar de China, mezcla personajes malayos, persas y chinos, más una “extranjera”, la Perla de Labuán, que se instala en Malasia y es quien narra la primera parte de la novela. En ella el chino Li Chi relata a la protagonista la historia de la Perla del Emperador, recogida del mar por un pescador llamado Tepe Sarab, quien será el protagonista de la segunda parte, más breve y un poco menos lograda, en una narración en tercera persona.

Decir la Perla de Labuán suena a Salgari y en efecto toda la narración tiene un clima que recuerda a las aventuras de Sandokán. La forma recuerda en cambio a Las mil y una noches, con historias dentro de historias dentro de historias. El estilo de Guebel es alucinante, y quizás provoque una nueva forma de perversión: el libro genera en el lector un deseo permanente, casi erótico, de más lectura, por las imágenes hipnóticas que se suceden sin cesar con un ritmo lento y sensual, y por la acumulación de anécdotas que se ramifican, abriendo una multitud de caminos en la imaginación. El fluir narrativo recuerda al Aira de Ema, la cautiva, con su prosa pulida y sin escollos, pero el nihilismo de Guebel, la nada final que deja la novela, está revestida de otras formas y se parece a los restos inasibles de un ensueño.

Si quieren descubrir qué pensó este extraordinario escritor uruguayo sobre los cuatro libros, sigan por aquí.

Frankfurt 2010, crónica de María Martoccia

20 oct

Decimos que nos alojaron en “Warnes” porque nuestro hotel está rodeado de galpones y oficinas en donde ofrecen repuestos automotrices; pero las construcciones parecen galerías de arte, clínicas, hay rosales… y ¿florecen las gramíneas? Saqué una foto para llevársela a un mecánico cordobés que explica el desperfecto escarbando el piso de tierra de su taller con un palito; en la esquina de Schmidtstrasse exhiben relucientes Ferraris rojas. Para llegar a la estación del tranvía, cruzamos un barrio de inmigrantes, los taxistas llevan el Corán en la guantera, repiten que es un “Peaceful Country” y confiesan -si el viaje es suficientemente largo- que llegaron a Frankfurt para concertar un matrimonio pactado en las montañas, ¡Ay, los familiares creen después de un año que se hicieron millonarios y piden regalos inalcanzables! Junto a una puerta, un cartel proclama: “Mi casa, Mi jardín” Y una minúscula bandera germana flamea como si le diera cachetadas al aire.
Todos tenemos la ropa ajada, circulan las aspirinas, recomiendo frotarse las muñecas con aceite de lavanda. Una traductora rumana busca a Daniel Guebel, nariz aguileña y ojos claros. Dice: “Necesito La Perla del Emperador, nos comunicábamos por Facebook pero yo después lo traicioné y leí a Levrero. ¿Creen que podré retomar?” Le aseguro que sí. Se rumorea que ni Piglia ni Aira aceptaron venir a la Feria, otros dicen que ni siquiera los invitaron porque ya sabían que se negarían ¿No había de todos modos que…?
Alguien hojea Siluetas de Luis Chitarroni y me aclara que los textos cortos no se venden. Triste. Se hace un silencio, aceptamos la tristeza. Abajo, en el subsuelo, los íconos: Borges y Cortázar, maestros de lo breve. Un editor inglés me muestra la foto de un perro de pelaje lustroso y la mirada boba de los cazadores. “¿Es suyo?”, pregunto. Ojos azul metálico, bromea con su asistente, una rubia preciosa, es tan machista como su buena prestancia le permite. Y eso es mucho. “¿Mío?”, repite, con prolijo desdén. “Si uno piensa que se adueña de una vida…” Guarda la foto. “Cuénteme de la editorial, cuénteme sobre sus novelas”, me pide. Quisiera ser como el agente de Wylie, un chacalito tímido: relato preciso, controla el nerviosismo, manos de pianista, esa misma mañana casi en un susurro, explicó: ”Parece que en Nigeria cuando uno sale de su casa entra gente y la pone en venta. Por eso el título: “This House is not for Sale”. Pero no le llego a los talones y tartamudeo. Quien hojeó Siluetas vuelve presuroso y me aclara: “Para Chitarroni debemos esperar unos años”, y añade para consolarme: “Menos de lo que usted piensa”. Llega la noticia de que Vargas Llosa ganó el Nobel, resuena como si ya hubiera sucedido; había ilusiones de que lo ganara Gelman, yo también las tuve.
Camino por una calle céntrica, en un mercado hay frutas envueltas y rodajas de papaya. Como si guardara alguna relación pienso en Leonardo Favio, un presentimiento, yo que no los tengo. Una vez me dijeron que me parezco a él y fue uno de los halagos más grandes que recibí; guardo esa frase como si fuera una medalla que saco para lustrar cuando estoy ansiosa. Me quedé con ganas de escuchar más a Bareinbom, pero no me puedo quejar. Algún día escribiré bien.

NOVEDADES DE OCTUBRE

14 oct

BUENOS AIRES

La ciudad como un plano

Buenos Aires. Los nombres la van deletreando: Gaona, Directorio, Juan de Garay, Rivadavia, Corrientes, Callao, Alem, Florida, Retiro. Coghlan, Barracas, Plaza Once, Parque Chacabuco, Villa Devoto, Villa Urquiza, Villa Crespo, Villa del Parque.

Por delante y por detrás de estos escenarios y otros, las crónicas y relatos aquí reunidos conforman un retrato de la ciudad plural y van tejiendo entre todos una especie de plegaria que es también una celebración.

He aquí una maqueta a escala caligráfica, alumbrada por algunos de los narradores más notables de la literatura argentina actual. Un planisferio en el que cada relato dibuja otra ciudad, tantea una Buenos Aires dentro de otra. Y entre un texto y el siguiente aflora la ciudad del lector, la de quien se deja transportar por la lectura.

“Y la ciudad, ahora, es como un plano…”

J.L. Borges

Buenos Aires es una de las ciudades más grandes y más populosas del planeta. Es también una de las más secretas. Las historias y crónicas incluidas en esta antología actúan de guías para los rincones menos fatigados de la metrópolis. Los textos, inéditos, pertenecen a algunos de los escritores argentinos más originales y reconocidos de la actualidad: Alan Pauls, Sylvia Molloy, Edgardo Cozarinsky, Marcelo Cohen, Martín Rejtman, Sergio Chejfec, María Carman, María Sonia Cristoff, Anna-Kazumi Stahl, Arnaldo Calveyra, Dalfia Oken, Daniel Guebel y Graciela Speranza.

NOVEDADES OCTUBRE

20 sep

LA PERLA DEL EMPERADOR

Daniel Guebel

En pleno corazón de Malasia, una bellísima mujer blanca recibe la visita de un misterioso chino que le propone apoderarse de una perla legendaria. En su búsqueda se ven envueltos, entre otros, un pescador y un opiómano, un capitán de barco, el Shah de Persia, eunucos y ballenas. Como en Las mil y una noches o en Salgari, en esta novela aparecen y se desvanecen mundos donde imperan el ansia de la inmortalidad y el amor por los viajes, donde palpitan el deseo y la melancolía. Es un laberinto en el que Oriente y Occidente se confunden y se vuelven —en un nuevo espejismo— fabulosamente argentinos…

Daniel Guebel nació en Buenos Aires en 1956. Escritor, guionista de cine y dramaturgo, periodista y editor, ha publicado las novelas El caso Voynich, Derrumbe, El día feliz de Charlie Feiling (en coautoría con Sergio Bizzio), Carrera y Fracassi, La vida por Perón, El perseguido, El terrorista, Nina, Cuerpo cristiano, Matilde, Los elementales y Arnulfo o los infortunios de un príncipe. Entre el ensayo y el testimonio personal, en Mis escritores muertos recuerda a Héctor Libertella y Jorge Di Paola. En teatro, publicó Dos obras ordinarias (en coautoría con Sergio Bizzio), Tres obras para desesperar y Adiós Mein Führer. Es autor de dos volúmenes de relatos: El ser querido y Los padres de Sherezade.