“Simple y magistral”

2 mar

Más elogios para El caballero, ahora en El Sol de Mendoza, por Alejandro Frías.


Simple y magistral. Sólo eso. Sencillamente eso. No hace falta más para describir El caballero que cayó al mar (editorial La Bestia Equilátera), la novela de Herbert Clyde Lewis de 1937 que acaba de ser publicada en español por primera vez. Con una sencillez deslumbrante, Lewis invita a acompañar al señor Standish desde el momento en que este cae al océano sin que ninguno de los tripulantes o pasajeros del barco lo note. Perdido en el medio del Pacífico, Standish no sufrirá tanto hundirse en el agua (destino del que tampoco se salvará) como sumergirse en sus propias cavilaciones, siempre impostadas, acordes con su clase social y con las formas que hay que cuidar.

Que un náufrago no acepte la situación en la que se encuentra y que por momentos se preocupe más por el canje de los billetes de viajero que se le han mojado, por el manojo de llaves que lleva consigo o por el posible ridículo que pasará sobre cubierta al ser rescatado son los recursos con los que Lewis se encamina a una crítica a las imposturas de la clase alta y hacia una obra literaria con rasgos filosóficos, sociológicos y psicológicos, entre otros puntos de vista desde donde se puede encarar la novela. “Está buena porque hace que el hombre piense sobre su vida”, es la síntesis de Eliseo, de 13 años. Y la frase funciona como invitación a un naufragio entre las páginas de El caballero que cayó al mar.


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