“Los enamorados”, libro del año para Ñ

24 dic

En su edición especial del 18 de diciembre, la revista Ñ eligió a Los enamorados como una de las novedades de narrativa extranjera más importantes del año. En su artículo, Alejandra R. Ballester nos cuenta por qué.

Tejida con los hilos tenues del discurso amoroso, Los enamorados logra poner en evidencia cuán relativo puede llegar a ser el peso de la historia en la novela –¿acaso hay historia más conocida y codificada que la del amor?– frente al arte prodigioso de su narración.

Un hombre y una mujer joven, algo escéptico él –o así quiere creérselo–, pobre, frágil y propensa a la ilusión, ella. Ambos sin nombre, casi sin pasado, ella muy joven pero con una hija pequeña a cuestas; él, presuntamente escritor, huésped de hoteles de paso. Y, como trasfondo, Nueva York, la gran ciudad, con sus multitudes anónimas, en la que no es fácil encontrar “un lugar limpio y bien iluminado” y donde los personajes están radicalmente solos. Con estos mínimos elementos, el inglés Alfred Hayes (1911-1985), escritor y guionista poco traducido, rescatado del olvido por una editorial argentina, construye una novelita perfecta.

Entre sus virtudes, Los enamorados cuenta con una extrema levedad: su materia se compone de muy pocos de esos elementos considerados indispensables en los mundos novelescos, no hay aquí muebles pesados que la anclen sólidamente a la tierra. De lo que se trata es de contar una historia de amor, de recorrer con delicadeza e ironía esas figuras del discurso amoroso que incluso pueden llegar a catalogarse, como lo hizo Roland Barthes en sus “Fragmentos…”: abrazo, angustia, ausencia, celos, encuentro, llanto, mortificación, rapto, recuerdo… En la sutileza con que se crean los climas, en la agudeza de las observaciones sobre las contradicciones y ambigüedades de los personajes y en el manejo de los tiempos narrativos –el momento de la entrada en escena de un tercero, el tránsito de la pasividad a la desesperación, el intento de reconciliación–, reside gran parte del encanto de esta novela.

El comienzo tiene la forma de una confesión en el bar de un hotel, que instala el tono de tristeza y melancolía que embarga la narración hasta el final y que la hace tan legible aun hoy. Una tristeza presente hasta en la felicidad, como en la descripción de la primera noche, que se narra desde el recuerdo de ella, ese instante previo, de “tirantez sedosa”, ese “momento prolongado del regreso, cuando uno comparte un taxi con un extraño que está por transfigurarse en amante y hay un intervalo, como en la música, entre el acorde del deseo, que ya fue tocado, y el acorde de la satisfacción del deseo, que todavía no lo ha sido…”.

El relato puede derivar del lirismo al distanciamiento en el discurso de ese narrador que experimenta cierta extrañeza ante la intensidad de su dolor y tiene la sospecha de haber estado representando, él o ella, una comedia. Así, observa, por ejemplo, las formas en que cada uno se presenta ante la mirada del otro: “Ah, los papeles que desempeñé en el sillón verde de ese living enano, (…) En un momento era el oráculo del sexo: experimentado, objetivo, clínico (…) O si no, era el muchacho encantador, el tipo apuesto, criado en un barrio duro (…), entonces era el hombre cansado, el cazador exhausto de vuelta a casa, mientras el amor me cubría con una manta abrigada…” La intensidad, las dudas y la sensación de irrealidad se alternan hasta que la aparición de un tercero y de un rival quizás más poderoso, el dinero, complica la historia.

Las modulaciones de la voz narrativa pueden mostrar una habilidad notable para hacer poesía con las cosas, en imágenes prosaicas y casi siempre logradas, como cuando describe el departamento de la chica y señala un botiquín con “un sinfín de botellas, ampollas, cremas, frascos pequeños y misteriosos, (…) desordenados como en una farmacia al borde de la quiebra”. La misma voz que es capaz de matizar con humor elegante una escena de celos y que logra mantener el equilibrio entre la franca desolación y su relato irónico.

Nacido en Londres, Alfred Hayes creció en Nueva York, donde trabajó como periodista. Luego de la Segunda Guerra, conoció en Italia a Roberto Rosellini y Vittorio De Sica e inició una carrera como guionista, que continuó en Hollywood. Escribió cuatro novelas, fue elogiado por la crítica de los años 50 como uno de los novelistas norteamericanos más originales y después cayó en el olvido. En tiempos en que las peripecias del amor parecen relegadas al cliché de la novela rosa o a la opacidad posmoderna, ese narrador desdoblado de Hayes, que sufre y se observa sufrir, tiene el tono justo que logra conmover a un lector contemporáneo.

2 Respuestas para ““Los enamorados”, libro del año para Ñ”

  1. Flor 1 noviembre, 2013 en 14:27 #

    Leí hace poco esta novela. La verdad que me encantó. Hacía mucho que un libro no me gustaba tanto. Altamente recomendable

  2. guillermo 25 mayo, 2015 en 5:38 #

    lo leí por algún comentario escuchado en televisión y me conmovió, lamento que esté agotado…quise regalarlo mas de una vez.

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