La soledad del Lector en Libros del Pasaje

18 mar

Por Alejandro Schonfeld

1.

Al principio pensás que lo que tenés entre manos es algo así como una versión más culta de laEnciclopedia de datos inútiles de Homero Alsina Thevenet. Que Picasso esto, que Emily Dickinson aquello, que Camille Claudel pasó los últimos treinta años de su vida en un manicomio. También pensás que cada vez que el autor pone “el Lector” se refiere a vos, el lector. Pero no: en ambas cosas estás equivocado. El libro que estás leyendo es una novela, aunque compuesta de “referencias y alusiones intelectuales, y “sin casi nada de novela”. Y “el Lector” no sos vos: es el autor. Ya nos lo había advertido el epígrafe de Borges: “Ante todo me considero lector”.

2.

Y cuando te das cuenta de esas dos cosas, te surge un nuevo pensamiento: “estoy ante una novela difícil, sesuda, tengo que pensar, tengo que prestar atención”. (“Tengo un relato. Pero tendrás que esforzarte para encontrarlo”, nos azuza el escritor, el Lector). Te volviste a equivocar: nada más alejado de la realidad. La soledad del lector de David Markson no sólo no es un libro “difícil” sino que es uno de esos libros que se lee como viene, sin esfuerzo, en cualquier circunstancia, sin poder parar y que de pronto se terminó. “Hipnótico”, lo llama Kurt Vonnegut en la contratapa.

3.

David Markson nació en 1927 en Nueva York y murió ahora, en 2010. En la década del cincuenta supo ser amigo de la pomada (Kerouac, Dylan Thomas) y hasta se carteó profusamente con Malcom Lowry, mientras escribía por encargo westerns y novelas policiales (Epitaph for a Tramp [1959], Epitaph for a Dead Beat [1961] y The Ballad of Dingus Magee [1965]). La fama le llega tarde, en 1988, con la publicación de su novela Wittgenstein’s Mistress. La soledad del lector [Reader’s Block] es de 1996, y da inicio a la serie que se completa con This Is Not a Novel [2001], Vanishing Point [2004] y The Last Novel [2007] que efectivamente es su última novela.

4.

Anecdotario de la historia del arte universal, lista de antisemitas, de suicidas y de obsesos y a la vez novela sorprendente, La soledad del lector es además una muy buena puerta de entrada a la obra de este escritor que según David Foster Wallace representa “el punto más alto que podemos encontrar en la ficción experimental de los Estados Unidos”.

Fuente: Libros del Pasaje

 

 

4 Respuestas para “La soledad del Lector en Libros del Pasaje”

  1. Mariangeles 19 marzo, 2012 en 1:40 #

    Marksoniana vieja, me remito a mi ejemplar de Reader’s Block (tal el título original). Reader es Reader a secas, sin artículo, por lo que no es «el Lector», sino Lector, y quien está solo es Protagonist (también sin artículo), por ejemplo: «How long can Reader deal with Protagonist’s isolation without explaining his background?», o «Does Reader yet know how long Protagonist has now been alone?».
    En las otras novelas que completan el Notecard Quartet son Writer, Author y Novelist (nunca the Writer ni the Author ni the Novelist). Es notable cómo un matiz de traducción puede cambiar la lectura y la percepción de la novela.
    Después de leerla, Vonnegut le dijo: «David, estoy muy preocupado por tu salud mental». Después de haber leído las cuatro novelas, volver a leer una en español con este nuevo giro me está haciendo preocuparme por mi propia salud mental.

  2. Laura Wittner 24 marzo, 2012 en 19:18 #

    Estimada Mariángeles:
    soy Laura, la traductora de “La soledad del lector”. Lamento que la aparición de los artículos te haya causado tan mala impresión. Creo que es casi imposible que estas cosas no sucedan cuando uno viene en vuelo directo desde el original. Tras cruzar el tamiz mental de un otro, el aterrizaje nunca es suave.

    El tema del que hablás fue el primer punto de conversación entre el editor y yo. ¿Qué hacemos con Reader y Protagonist?, nos preguntamos. Probamos maneras. Nos pareció que, en castellano, el efecto causado por la falta de artículo no sería exactamente el mismo que en inglés. Es cierto que el original persigue algún tipo de efecto al presentar a estos dos personajes sin artículo delante. Pero también es cierto que el idioma inglés está un poquito más acostumbrado a la ausencia de artículos que el castellano. No los usa, por dar un ejemplo, en algunos plurales. “Passengers must not cross the line”: allí nosotros tenemos que poner un artículo; saltamos en el asiento si nos encontramos un cartel que traduzca esto literalmente. Su falta es extrañeza sí o sí. Concretamente, nos pareció que en castellano la extrañeza sería aun mayor; que acentuaría la irrealidad de los personajes, volviéndolos tal vez artificiales. Y pensamos que eso podía ir en contra de una novela que ya de por sí es difícil de aprehender en tanto tal.

    De todas formas no pretendo convencerte. Sólo quise contarte un poco cómo llegué a esa decisión. ¡Cuando una decisión de traducción le cae mal a un lector, le cae mal y no hay vuelta que darle!

    Por último quiero decirte que cuando terminé de traducir esta novela también yo me preocupé por mi salud mental. ¡Y sigo preocupándome!

    Saludos.

  3. Mariangeles 27 marzo, 2012 en 19:39 #

    Estimada Laura: en primer lugar, te agradezco la respuesta.
    En ningún momento dije que los artículos me producían mala impresión. Solo dije que un matiz de traducción, como la omisión del artículo en el original y la traducción con los artículos producen dos lecturas diferentes.
    Al leer el original, en ningún momento uno se siente interpelado, está bien claro que Reader no es quien se enfrenta a la página, sino el nombre propio de un personaje, tal vez irreal, tal vez artificial, pero esa irrealidad o no queda a criterio de quien lee (estoy evitando la palabra lector). Es probable que sea tan irreal o difícil de creer como Kate, la protagonista de Wittgenstein’s Mistress (a su vez, hay que tener en cuenta que el Notecard Quartet es Wittgenstein’s Mistress sin los adornos, sin la narración, reducido a su esqueleto referencial). Esto lo hace de dificilísima traducción, a pesar de su estructura engañosamente simple, de oraciones breves y aparentemente desconectadas.

    Tu versión, incluso para Schonfeld, hace pensar que «cada vez que el autor pone “el Lector” se refiere a vos, el lector».
    Es decisión del editor y el traductor intervenir en mayor o menor medida el texto original. Con tu respuesta me estás aclarando que la intención fue agregar algo que el autor deliberadamente no puso. para que se entienda mejor. La omisión del artículo es deliberada, ya que usa Reader y Protagonist como nombres propios, y el otro personaje de la novela, la mujer, siempre es a woman, the woman (Who is the woman at the grave?).
    Precisamente, esta novela pone el acento en aquellas cosas que no parecen importantes, pero lo son: las pequeñas cosas y datos supuestamente insignificantes de los grandes personajes de la cultura occidental, los pequeños detalles que construyen las grandes obras. En ese contexto, un pequeño matiz produce un enorme cambio.

    El cambio del título, por el contrario, no es menor. Insisto, en Reader’s Block el que está solo es Protagonist, pero tu versión se titula La soledad del lector. La soledad cambió de un personaje a otro, que en el original nunca está solo; la novela cambió, se convierte en otra. Es una elección editorial válida y hasta que no lo termine no puedo decirte si me gusta o no, pero estoy sintiendo que la intervención fue excesiva al punto de cambiar la percepción de la obra. Tal vez, ya que decidieron cambiar el título, debería titularse Agregados de Traductor.

    • labestiablog 28 marzo, 2012 en 12:02 #

      El punto de vista de Mariángeles acarrea una interpretación y una
      lectura muy lúcidas. Proporciona un panorama de la obra de David
      Markson leído en extensión con todo el arsenal crítico que “el autor”
      merece. Y por supuesto que, como ocurre con todo objeto de amor y
      admiración, nuestras apropiaciones, aparte de justas, son legítimas.
      El título que elegimos fue una decisión editorial: es algo menos
      elaborado y acaso más modesto; fue pensado para tentar a los lectores
      con Markson. A esa soledad, a esa intimidad compartida, se refiere con
      enorme libertad –una libertad tal vez excesiva– el título.
      LBE

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