Dos breves para “El caballero”

29 ene

Enrique M. Butti, en El Litoral:

De los títulos editados recientemente recomiendo una novela que comienza como un pasatiempo pero que promediando su lectura se pone densa hasta el ahogo, pero así es el gran arte, no sólo ofrece distracción y entretenimiento, sino emociones fuertes, que es la mejor manera de distraernos de nuestras mezquindades.
El caballero que cayó al mar es una joya que se publica por primera vez en castellano después de 73 años de su publicación original. Un hombre que, víctima del estrés, ha emprendido un viaje lejos de su mujer y sus hijos, por accidente cae del barco en el que viaja. En capítulos alternados, asistimos a las peripecias y sentimientos del náufrago perdido en el océano, que ve alejarse hasta desaparecer la nave en la que viajaba, y a los avatares desgraciados que impiden a los pasajeros del barco descubrir la ausencia del pobre caballero durante trece preciosas horas.

Mario Caballero, en adn Cultura:

Ya en la primera línea de El caballero que cayó al mar, Henry Preston Standish, protagonista de la novela, cumple lo que promete el título. Una inoportuna mancha de grasa lo envía al océano Pacífico y desde allí abajo ve cómo el Arabella, el buque que viajaba junto con pasajeros variopintos, se aleja hacia el horizonte. Herbert Clyde Lewis (1909-1950), autor de esta narración con aires de comedia inglesa, nació en realidad en Brooklyn, Nueva York, en una familia de origen ruso. La deliciosa historia de un náufrago (categoría literaria que es analizada en el posfacio por el perspicaz Don Birnam, aquel autor cuyas andanzas filmó Billy Wilder) preanuncia, a su satírica manera, a la absurda Winnie de Los días felices, aunque la sustancia que lo rodea en vez de arena sea pura agua.

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