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“Simple y magistral”

2 mar

Más elogios para El caballero, ahora en El Sol de Mendoza, por Alejandro Frías.


Simple y magistral. Sólo eso. Sencillamente eso. No hace falta más para describir El caballero que cayó al mar (editorial La Bestia Equilátera), la novela de Herbert Clyde Lewis de 1937 que acaba de ser publicada en español por primera vez. Con una sencillez deslumbrante, Lewis invita a acompañar al señor Standish desde el momento en que este cae al océano sin que ninguno de los tripulantes o pasajeros del barco lo note. Perdido en el medio del Pacífico, Standish no sufrirá tanto hundirse en el agua (destino del que tampoco se salvará) como sumergirse en sus propias cavilaciones, siempre impostadas, acordes con su clase social y con las formas que hay que cuidar.

Que un náufrago no acepte la situación en la que se encuentra y que por momentos se preocupe más por el canje de los billetes de viajero que se le han mojado, por el manojo de llaves que lleva consigo o por el posible ridículo que pasará sobre cubierta al ser rescatado son los recursos con los que Lewis se encamina a una crítica a las imposturas de la clase alta y hacia una obra literaria con rasgos filosóficos, sociológicos y psicológicos, entre otros puntos de vista desde donde se puede encarar la novela. “Está buena porque hace que el hombre piense sobre su vida”, es la síntesis de Eliseo, de 13 años. Y la frase funciona como invitación a un naufragio entre las páginas de El caballero que cayó al mar.


Carta de la Bestia

29 dic

Buenos Aires, diciembre de 2010

Estimado lector:

 

Una de las ideas que tenemos en La Bestia sobre la lectura no coincide con la que tienen los jefes de marketing: no creemos que los libros sean colecciones de moda (tampoco lo contrario). Y en diciembre planeamos con mucha delectación El caballero que cayó al mar, una novela que garantiza nuestra concentración porque es una historia sin resquicios, absolutamente enemiga del tedio. En un crucero entre Honolulu y Panamá un hombre resbala en una mancha de aceite y cae al agua. Da la casualidad, no siempre posible, de que el hombre es un caballero. Da la casualidad de que el agua es el mar. Quiere decir, un hombre respetable, honesto, trabajador. Financista, miembro de un club de remo, padre de dos hijos. Quiere decir, nada menos que el océano, tan insaciable y repetidor como le gustaba a Valéry. En medio del mar, los atributos del caballero de poco sirven. Y así, este libro sencillo, con apetencia de lectura exclusiva, que empieza pareciéndose a Relato de un náufrago termina pareciéndose a Musil. Claro que no hay ningún guiño, ninguna ambición “intelectualosa”, porque en realidad al que se parece de veras Herbert Clyde Lewis es a Scott Fitzgerald, de quien se confesaba admirador.

Distraer la atención con estas palabras es un acto de complicidad discreta, y menos que con el negocio tiene que ver con la amistad, con el placer —en absoluto secreto— de contagiar un gusto, de transmitir una novedad.

En La Bestia estamos seguros de algo: a los que nos gusta leer, para no volvernos definitivamente locos como el Quijote, nos gusta estar a mano con la ficción y con la realidad. El caballero de esta novela de Lewis lo hace posible.

Un saludo cordial,


La Bestia Equilátera


Presentación en sociedad

28 dic

Un nuevo libro se sumó a nuestro catálogo. Con ustedes, Henry Preston Standish, el caballero de La Bestia.

“Los enamorados”, libro del año para Ñ

24 dic

En su edición especial del 18 de diciembre, la revista Ñ eligió a Los enamorados como una de las novedades de narrativa extranjera más importantes del año. En su artículo, Alejandra R. Ballester nos cuenta por qué.

Tejida con los hilos tenues del discurso amoroso, Los enamorados logra poner en evidencia cuán relativo puede llegar a ser el peso de la historia en la novela –¿acaso hay historia más conocida y codificada que la del amor?– frente al arte prodigioso de su narración.

Un hombre y una mujer joven, algo escéptico él –o así quiere creérselo–, pobre, frágil y propensa a la ilusión, ella. Ambos sin nombre, casi sin pasado, ella muy joven pero con una hija pequeña a cuestas; él, presuntamente escritor, huésped de hoteles de paso. Y, como trasfondo, Nueva York, la gran ciudad, con sus multitudes anónimas, en la que no es fácil encontrar “un lugar limpio y bien iluminado” y donde los personajes están radicalmente solos. Con estos mínimos elementos, el inglés Alfred Hayes (1911-1985), escritor y guionista poco traducido, rescatado del olvido por una editorial argentina, construye una novelita perfecta. (más…)

"La geometría del amor"

28 nov

Hoy, en su columna de Perfil, dice Maxi Tomas:

¿Cuánto hacía que no subrayaba tanto un libro? ¿Cuánto que no disfrutaba así de una lectura? Pero gracias a una de esas conjunciones que se dan muy esporádicamente, esta vez las cosas se acomodaron para que apareciera un libro único: sólo faltaba que alguien (Martín Schifino) acercara a dos editores (Luis Chitarroni, Matías Serra Bradford, de La Bestia Equilátera) un título inédito de un escritor olvidado (Alfred Hayes), traducido magistralmente por ese mismo alguien (Schifino) y diseñado por Juan Pablo Cambariere, responsable del arte de tapa más sofisticado de la industria editorial argentina. El resultado: la novela Los enamorados, un magnífico tratado sobre el desamor (y los celos, la pasión, el dolor, el odio, la posesión, la memoria, la locura, la conmiseración, el olvido) en versión masculina, un libro que debería figurar en cualquiera de esos listados que se acostumbran a hacer por esta época del año en los suplementos culturales y las revistas especializadas.

Acá, para leer la columna completa.