Historico | enero, 2011

Dos breves para “El caballero”

29 ene

Enrique M. Butti, en El Litoral:

De los títulos editados recientemente recomiendo una novela que comienza como un pasatiempo pero que promediando su lectura se pone densa hasta el ahogo, pero así es el gran arte, no sólo ofrece distracción y entretenimiento, sino emociones fuertes, que es la mejor manera de distraernos de nuestras mezquindades.
El caballero que cayó al mar es una joya que se publica por primera vez en castellano después de 73 años de su publicación original. Un hombre que, víctima del estrés, ha emprendido un viaje lejos de su mujer y sus hijos, por accidente cae del barco en el que viaja. En capítulos alternados, asistimos a las peripecias y sentimientos del náufrago perdido en el océano, que ve alejarse hasta desaparecer la nave en la que viajaba, y a los avatares desgraciados que impiden a los pasajeros del barco descubrir la ausencia del pobre caballero durante trece preciosas horas.

Mario Caballero, en adn Cultura:

Ya en la primera línea de El caballero que cayó al mar, Henry Preston Standish, protagonista de la novela, cumple lo que promete el título. Una inoportuna mancha de grasa lo envía al océano Pacífico y desde allí abajo ve cómo el Arabella, el buque que viajaba junto con pasajeros variopintos, se aleja hacia el horizonte. Herbert Clyde Lewis (1909-1950), autor de esta narración con aires de comedia inglesa, nació en realidad en Brooklyn, Nueva York, en una familia de origen ruso. La deliciosa historia de un náufrago (categoría literaria que es analizada en el posfacio por el perspicaz Don Birnam, aquel autor cuyas andanzas filmó Billy Wilder) preanuncia, a su satírica manera, a la absurda Winnie de Los días felices, aunque la sustancia que lo rodea en vez de arena sea pura agua.

Una colección

28 ene

La historia es sencilla y es así. Días atrás nos escribe un lector de los que andan por ahí, medrando en las sombras. Le ha gustado El caballero que cayó al mar, y antes le habían gustado Muriel Spark y Julian Maclaren-Ross y Lord Berners (¿cuándo descubrirá el mundo entero esa perlita que es El camello?), nos agradecemos y felicitamos mutuamente, etc. El lector tiene un blog, que sin pérdida de tiempo vamos a curiosear, y entre otras curiosidades descubrimos que es un coleccionista amateur (nuestros preferidos) de ediciones de Moby Dick. Le consultamos si podemos difundir su colección en nuestro blog y el lector acepta. Aquí está.

Dicho sea de paso, hace poco nos cruzamos con una persona que estaba releyendo la novela de Melville y que casi no podía hablar de otro libro. ¿No se preguntan cuántos lectores habrá en el mundo hoy, 28 de enero de 2011, leyendo esa novela?

Lewis por Krapp

24 ene

Reproducimos la magnífica reseña sobre El caballero que escribió Fernando Krapp para Radar Libros de Página/12.


Como una isla sin Viernes

El caballero que cayó al mar es una verdadera joya oculta de la literatura norteamericana, una breve novela que, quizá sin quererlo, clausuró la literatura de náufragos en alta mar.

por Fernando Krapp

Un ignoto periodista y guionista de cine norteamericano llamado H. C. Lewis, con excesivas ambiciones literarias para un apellido semejante y, por añadidura, perseguido por la pobreza, publicó en 1937 una perlita titulada El caballero que cayó al mar, traducida al castellano por primera vez por la editorial La Bestia Equilátera. El relato en cuestión cuenta la historia de Henry Preston Standish, un corredor de Bolsa casado y con dos hijos, bien afianzado en los barrios más sofisticados de Nueva York, que un día decide tomar un barco a Hawai por razones patológicamente vitales y al regresar en el “Arabella” sufre una desavenencia: pisa una mancha de aceite, patina y cae al mar. (más…)

¿Guebel por Levrero?

14 ene

Así es. Allá por 1991, Jorge Varlotta, el primer yo de Mario Levrero, publicó en el suplemento cultural de El País de Montevideo un artículo en el que se ocupaba de cuatro novelas argentinas. La excusa eran ciertos aires chinos que perfumaban la narrativa local de entonces. La Perla del Emperador estaba entre ellas, junto con Una novela china de Aira, La mujer en la muralla de Laiseca y La ciudad sin noche de Ernesto Schoo. Transcribimos el fragmento correspondiente a la novela de Guebel.

Salgari hoy

César Aira fue uno de los tres jurados que otorgaron el premio Emecé 1989-1990 a La Perla del Emperador, de Daniel Guebel. Ambientada en el mar de China, mezcla personajes malayos, persas y chinos, más una “extranjera”, la Perla de Labuán, que se instala en Malasia y es quien narra la primera parte de la novela. En ella el chino Li Chi relata a la protagonista la historia de la Perla del Emperador, recogida del mar por un pescador llamado Tepe Sarab, quien será el protagonista de la segunda parte, más breve y un poco menos lograda, en una narración en tercera persona.

Decir la Perla de Labuán suena a Salgari y en efecto toda la narración tiene un clima que recuerda a las aventuras de Sandokán. La forma recuerda en cambio a Las mil y una noches, con historias dentro de historias dentro de historias. El estilo de Guebel es alucinante, y quizás provoque una nueva forma de perversión: el libro genera en el lector un deseo permanente, casi erótico, de más lectura, por las imágenes hipnóticas que se suceden sin cesar con un ritmo lento y sensual, y por la acumulación de anécdotas que se ramifican, abriendo una multitud de caminos en la imaginación. El fluir narrativo recuerda al Aira de Ema, la cautiva, con su prosa pulida y sin escollos, pero el nihilismo de Guebel, la nada final que deja la novela, está revestida de otras formas y se parece a los restos inasibles de un ensueño.

Si quieren descubrir qué pensó este extraordinario escritor uruguayo sobre los cuatro libros, sigan por aquí.

Aira sobre “Amalia” de José Mármol

13 ene

El mármol se llama la nueva novela de Aira que vamos a publicar en marzo, pero, suponemos, nada tiene que ver con esta conferencia que Aira dio en Rosario, ¿o sí? El registro es de octubre de 2010, en el marco del Primer Encuentro Internacional de Literaturas Americanas. Aunque sólo son fragmentos, no se la pierdan.