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Concurso de Novela

El 29 de noviembre cerró la recepción de obras del Premio La Bestia Equilátera de Novela. En total recibimos 804 textos, provenientes de 27 países y más e 200 ciudades. Las obras serán leídas y evaluadas por el comité de lectura, que elevará entre 10 y 16 finalistas al jurado, que elegirá al ganador. Esperamos tener novedades en el mes de marzo. Muchísimas gracias a todos por participar.

 

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"Como dijo Chesterton: 'La literatura es un lujo; la ficción, una necesidad'". Luis Chitarroni. @labestiaetwitter.com/i/web/status/9…

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La Bestia Equilátera

La editorial toma su nombre de una novela homónima que se empezó a escribir hace quince años. ¿Quién sabe cuánto tiempo más hará falta para que su autor ponga el punto final? En el otoño de 2006, cansado de esperar, un grupo de fanáticos amenazó al escritor con el célebre imperativo: "Primero publicar, después escribir". Así, decidieron aguardar el nacimiento de la misteriosa bestia editando libros con su mismo sello para mantener viva una vieja ilusión: siempre habrá alguna obra maravillosa que todavía no fue descubierta, no se tradujo o ni siquiera comenzó a escribirse. http://tienda.labestiaequilatera.com/es/ http://www.labestiaequilatera.com http://blog.labestiaequilatera.com http://twitter.com/labestiae
La Bestia Equilátera
La Bestia EquiláteraMartes, mayo 22nd, 2018 at 10:17pm
El misterioso hotel que estuvo enterrado en la arena durante más de 100 años.
Una historia que recuerda a la novela Los Elementales, de Michael McDowell

por Facundo Di Genova para La Nación

El teléfono suena una y otra vez. Se corta y vuelve a sonar. Cuando el destinatario de la llamada atiende y dice ¿Hola?, del otro lado de la línea solo se oye:

-Te felicito, acabás de resolver un misterio que tiene más de cien años.

El mensaje corre por cuenta del arquitecto y especialista en conservación del patrimonio Pablo Grigera y tiene la emoción de quien transmite una noticia extraordinaria.

Al otro lado del teléfono, Laureano Clavero no se sorprende. Había encontrado al famoso hotel fantasma de Mar del Sud desaparecido misteriosamente un siglo atrás. El documentalista argentino residente en Barcelona, autor varios libros de investigación sobre la Segunda Guerra, estaba seguro de su hallazgo.
La leyenda del maremoto

Algunos de los ladrillos que se encontraron luego de ubicado el Hotel Mar del Sud Algunos de los ladrillos que se encontraron luego de ubicado el Hotel Mar del Sud Crédito: Gentileza Pablo Grigera / Laureano Clavero

"Es la historia de una búsqueda y de un encuentro de dos personas que, por caminos diferentes, llegaron a encontrar el hotel desaparecido", cuenta Grigera sobre una de las primeras construcciones hoteleras en la costa de la Provincia de Buenos Aires, ubicada a solo 50 kilómetros al sur de Mar del Plata y a 15 de Miramar: el Hotel Mar del Sud, construido en 1888.

Este hotel fue el primer mojón de una urbanización que no llegó a desarrollarse por varias razones: porque nunca llegó el ferrocarril como se había proyectado, por la gran crisis de 1890 y por un entorno hostil que no daba tregua a los pioneros de la época.

Los especialistas coinciden en que, probablemente, el Hotel Mar del Sud sea también la primera gran construcción edificada más próxima al mar argentino, a poco más de cien metros del agua.

Funcionó solo dos temporadas y poco a poco fue deteriorándose por el abandono y los golpes del clima, hasta que su rastro desapareció completamente después de la primera década del siglo XX,. La ubicación de sus ruinas se transformó en un secreto que atesoraban solo unos pocos y una fuente inagotable de leyendas.

"El Hotel Mar del Sud siempre fue motivo de polémica entre los vecinos", cuenta Laureano desde Barcelona: "Estaban los que decían que nunca había existido; los que recordaban que había sido desguazado por los habitantes del lugar y los que aseguraban que se lo había tragado el mar, durante una noche de olas gigantes".

El interior del hotel, repleto de arena en 1911 El interior del hotel, repleto de arena en 1911 Crédito: Archivo: MMPH

De Mar del Sud a Mar del Sur

El proyecto del pueblo Mar del Sud no sobrevivió al nuevo siglo y quedó trunco para siempre mientras, a solo tres kilómetros al sur, otro hotel y otro trazado catastral iban tomando forma entre dos arroyos.

La nueva villa balnearia Boulevard Atlántico, ubicada tácticamente entre los arroyos La Tigra y La Carolina, también contaba con un hotel, pero de dimensiones monumentales.

El Hotel Mar del Sud y el Hotel Boulevard Atlántico fueron contemporáneos. Sus escalas y estilos eran completamente diferentes. El primero de solo una planta, a pocos metros del mar y sin grandes pretensiones más que su gran pórtico, sus arcos y sus molduras. El segundo retirado de la playa, sin las molestias de la arena, con dos amplias plantas, de estilo neoclásico y clara impronta academicista, podía divisarse a varios kilómetros a la redonda en ese extremo sudeste de la llanura bonaerense.

El duelo por la preferencia de los veraneantes lo ganó Boulevard Atlántico, no tanto por su arquitectura sino por las condiciones del terreno, lo que sellaría la suerte de la primera construcción, situada casi sobre la playa, perdida entre las dunas y en la traza de un pueblo que nunca se desarrolló pero que aún hoy existe en la nomenclatura catastral de la Provincia de Buenos Aires. Partido 33, circunscripción V, Mar del Sud, un sitio despoblado, solitario y paradisíaco de playas hermosas que los pescadores conocen como El Remanso.

Suspicacias de la historia mediante, desde el Intendente hasta el últimos de los vecinos, a la localidad de Boulevard Atlántico todos le dicen... Mar del Sur.

El hotel está enterrado a pocos metros de la playa conocida como El Remanso El hotel está enterrado a pocos metros de la playa conocida como El Remanso Crédito: Gentileza Pablo Grigera / Laureano Clavero

Un pueblo novelesco

Quienes frecuentan la villa balnearia que este verano celebró 129 años desde su fundación prefieren no difundir sus virtudes y mantener su fama en el anonimato. No reniegan que le digan Mar del Sur aún cuando en los papeles se llame Boulevard Atlántico e incluso se ríen cuando algún desprevenido la confunde con Mar Azul.

Ubicado al sur de Miramar, cabecera del partido bonaerense de General Alvarado, en la localidad viven cerca de quinientas personas estables y tiene como atractivo la combinación del campo con el mar y el famoso hotel emplazado sobre la avenida principal que está siendo reciclado de a poco. Fuente inagotable de leyendas y disputas, todos sueñan con que el Boulevard Atlántico vuelva a recibir pasajeros algún día.

Como un pueblo chico de playas grandes cuyo magnetismo atrae a buscadores de fortuna de distintas latitudes, son frecuentes las historias de náufragos extraviados en la ruta hacia el Cabo Corrientes (Mar del Plata), las de los primeros judíos pampistas que hicieron escala en el hotel antes de fundar las colonias de Entre Ríos y, más acá en el tiempo, las del arribo clandestino de jerarcas nazis que desembarcaron misteriosamente desde submarinos alemanes después de la Segunda Guerra Mundial.
El lugar del hallazgo

La villa también cobró triste fama cuando una banda de mafiosos que había usurpado el hotel Boulevard Atlántico mandó matar, el 28 de julio de 1996, al panadero socialista y presidente de la Cooperativa Eléctrica del pueblo, Héctor Rubí González.

Pero hasta ahora nunca se había podido documentar la ubicación precisa del Hotel Mar del Sud, la primera construcción hotelera al sur de Mar del Plata y también la más cercana al mar.

La historia del hallazgo, con la confirmación de los especialistas después de varios años de búsqueda, acaba de ser publicada en España por Laureano Clavero y Pablo Grigera en el libro "Hotel Mar del Sud, un misterio bajo la arena" (Ediciones Oblicuas, 2018).

Fragmento de una moldura del Hotel Mar del Sud Fragmento de una moldura del Hotel Mar del Sud Crédito: Gentileza Pablo Grigera / Laureano Clavero

Un hotel fantasma haciendo señales de luces

"Llegamos al mismo punto por caminos diferentes: Laureano buscando en el territorio y yo en los archivos", cuenta Grigera: "Cuando me da la ubicación precisa, la contrasto con mis documentos y confirmo que coincide exactamente con la dirección que yo tenía en mis papeles".

Clavero conocía las historias del hotel fantasma por haber vivido en el pueblo de pequeño y también, por haberlas leído en el libro "Mar del Sud, historia y vivencias", de Osvaldo Aramendi, un antiguo poblador.

Los datos que proporcionaba Aramendi eran muy valiosos pero los que se referían a la ubicación del hotel resultaron imprecisos.

Varias veces había intentado ubicarlo de acuerdo con aquéllas coordenadas, pero sin éxito, por lo que decidió seguir otras pistas que lo llevaron rumbo a Miramar, sin más referencias que las que aseguraban que el viejo hotel estaba "al norte del arroyo La Carolina".

Durante una de sus tantas recorridas por la zona conocida como El Remanso, un lugar despoblado, mitad campo mitad mar donde originalmente había sido trazado el pueblo que nunca prosperó, Laureano realizó un recorrido paralelo al océano, y fue rastreando una y otra vez como un sabueso.

Al llegar al pie de un arroyo seco y a pocos metros de una de las playas más solitarias y hermosas de la zona, el reflejo luminoso de una serie de fragmentos acariciados por el sol lo guió hasta un enorme montículo de arena que parecía ser nada más que un médano.

Cuando ascendió al lugar, los reflejos que lo habían guiado hasta allí se convirtieron en una innumerable cantidad de pedacitos de vidrio que sobresalían entre la arena. Laureano juzgó que el material era muy antiguo y ya no tuvo dudas.

Estaba parado sobre el Hotel Mar del Sud.
Arqueología en las arenas movedizas

La historia suma un nuevo capítulo con la intervención de Daniel Schávelzon, probablemente el arqueólogo argentino más renombrado por sus hallazgos sobre el período colonial de Buenos Aires y su veintena de libros y artículos publicados sobre el tema.

"La memoria de este hotel se había desdibujado por la falta de población local. Algunos lo vieron enterrarse hasta desaparecer como Pedro Bovet, y por las fotos sabemos que hubo gente que entraba y trepaba sus paredes... Los vecinos (de Boulevard Atlántico) usaron sus rejas y ladrillos porque estaban disponibles, pero poco a poco se fue perdiendo todo rastro y hoy es imposible imaginar su presencia entre esos médanos", describen Schávelzon y Grigera en un paper titulado "El Hotel Fantasma de Mar del Sud, datos de un rescate Arqueológico", publicado en el sitio de Arqueología Urbana de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la UBA.

Allí también citan otro hallazgo: la descripción de Bovet, especialista en movimiento de médanos, sobre la ruina del hotel, a la que asiste en vivo y en directo, en 1911. "Agoniza semienterrado otro edificio destinado a hotel. Las arenas ya entran por las ventanas y salen por las puertas; las habitaciones son sótanos, el edificio se encorva y sucumbe. Quise interrogar abrumado por mi soledad, pero el guardián no estaba. Sin duda esa desolación le pesaba también."

Esta descripción formó parte de un informe presentado al Congreso Forestal y Frutal de la Provincia de Buenos Aires, titulado "Cómo encarar nuestro problema de los médanos".

Bovet trabajaba para encontrar la solución al impedimento histórico que solía sabotear las urbanizaciones costeras: la naturaleza movediza de las cadenas medanosas, algo que en la zona se empezaría a resolver recién en 1923, con la creación del vivero dunícola, plantándose miles de árboles para fijar los médanos y poner a salvo a la ciudad de Miramar frente al implacable y natural avance de la arena.

Este es el origen del conocido bosque "energético" de Miramar y de todos los bosques de pinos y eucaliptos de la Costa Atlántica bonaerense.
Como las tumbas de Egipto

Cuando el arqueólogo Schávelzon se hizo presente en el lugar donde Clavero y Grigera habían constatado la ubicación del hotel, vio tres pozos.

"Lo observado es bastante aunque no explica la historia del hotel. Pero al menos nos da su ubicación exacta y su posición respecto al mar y permite sugerir algunas hipótesis", dice Schávelzon.

"Hubo y sigue habiendo operaciones de saqueo de ladrillos, algunas con pozos grandes, que dejan el escombro, o los que se rompen, en el fondo, o los arrojan a los alrededores. Una afirmación actual es que parte de las casitas de la zona, algunas muy modestas, se hicieron con esos materiales que no tenían costo".

Dice Clavero que "durante su agonía, el edificio fue desmantelado de manera furtiva al mejor estilo de las tumbas del antiguo Egipto".

Por esta razón, en abril de 2015 los investigadores enviaron un informe pormenorizado de este rescate a la Dirección de Patrimonio de la Provincia de Buenos Aires en la Ciudad de La Plata, tal como indica la legislación vigente. Como respuesta les sugirieron no brindar las coordenadas del lugar para evitar que se continúe destruyendo lo que pudiera quedar del hotel.

"A mediados de 2017 volvimos al sitio", cuenta Clavero. "El área había comenzado a sufrir cambios. Huellas de cuatriciclos y jeeps rodeaban las cercanías, así como una garita de seguridad, que vigilaba desde lejos".

"Parados sobre esa gran mole de arena, contábamos con una vista extraordinaria de los alrededores", dice el investigador, para quien "el lugar había sido elegido estratégicamente y la proximidad a la playa lo convirtieron en un sitio idílico para vacacionar".

Un sitio idílico para vacacionar, como es hoy, 130 años después.
https://www.lanacion.com.ar/2134893-la-historia-del-misterioso-hotel-enterrado-en-la-arena-durante-mas-de-100-anos
La Bestia Equilátera
La Bestia EquiláteraLunes, mayo 21st, 2018 at 10:33pm
"No es casualidad que esta novela haya sido una de las preferidas del enorme Franz Kafka"

Reseña de Fernando para Goodreads de 'El otro lado' de Alfred Kubin.

No es casualidad que esta novela haya sido una de las preferidas del enorme Franz Kafka, quien era íntimo amigo de Alfred Kubin, uno de los ilustradores y dibujantes más alucinantes de fines del siglo XIX y principios del XX junto con Odilón Redon.
Kubin ha escrito un libro tan extraño como cautivante y sorprendente a la vez, y dota a “El otro lado” de una buena cantidad de ingredientes que logran atraer al lector para que éste le dedique una total atención a la historia.
Planteada como una extraña invitación de un también extraño personaje llamado Claus Patera al narrador del libro para que éste y su esposa viajen a radicarse a un remoto lugar que Patera denomina “El Reino Soñado” va a ir transformándose en una compleja y vertiginosa sucesión de hechos para terminar en una auténtica vorágine de peste, muerte, barbarie, caos y salvajismo que ni narrador ni lector sospechan con el correr de las primeras páginas.
La abundante imaginación de Kubin sorprende ya que esta es la única novela que escribió, pero que demuestra un total dominio de sus facultades narrativas.
“El otro lado” posee características netamente kafkianas, mezcladas con altas dosis del suspense y tintes macabros que Edgar Allan Poe le imprimía a sus cuentos.
Por otro lado, los elementos que se combinan para adornar a este Reino Soñado de Patera son verdaderamente acertados para convencer a los visitantes denominados “soñadores” que vivirán en esa enorme ciudad en algún lugar perdido en Asia Central.
Para completar el panorama, cada uno de los soñadores son personas que poseen o sufren alguna patología en particular, lo que hará que nos encontremos con los personajes más extraños que uno pueda imaginarse pero que tienen que ver con el transcurso de la trama al ira adentrándonos en los sucesos que allí ocurren.
Las primeras impresiones de El Reino Soñado nos dan la idea de una mezcla del encierro que sufren los atormentados personajes de la película “La aldea” de Night Shyamalan con las situaciones más oníricas que podemos recordar del libro “Alicia en el país de las maravillas” hasta las excentricidades más inverosímiles de la película “El imaginario del Dr. Parnassus”.
Ciertos pasajes poseen incluso reminiscencias a algunas de esas novelas de Verne cuyo anfitrión (El capitán Nemo, Robur el conquistador) son fuertemente cautivantes.
Todo lo que extraño que uno pueda esperarse de un lugar tan fuera de lo común como lo es el Reino Soñado puede suceder sin inconveniente alguno.
Es más, me atrevería a decir que el Reino Soñado con sus absurdos personajes y ambientes kafkianos tan similares a los de “El castillo” de Kafka, desborda realismo mágico por sus cuatro puntos cardinales y no tiene nada que envidiarle al Macondo de “Cien años de soledad” de García Márquez.
Pero además, es un realismo mágico cruzado por lo mejor del género fantástico puesto que sus situaciones exceden al límite las posibilidades de lo real incluso dentro de la ficción.
El Reino Soñado es onírico, es surrealista y es opresivo y el surrealismo que ofrece fue también fuente de inspiración para los auténticos exponentes de la vanguardia del Surrealismo.
Muchas de las situaciones sofocantes que allí se plantean son de un corte harto ominoso que por momento bordean al terror.
La segunda parte del libro es un derroche de caos y descontrol. Todo se desmadra hasta límites insospechables, desde una absurda epidemia de sueño hasta una descontrolada invasión de animales que arrasa con todo.
El capitulo llamado “El infierno” es realmente un homenaje a Dante Alighieri. Todo lo que uno experimenta leyendo este capítulo es puramente dantesco y no puede ser explicado de otra manera.
Un capítulo aparte es para el lector el tratar de dilucidar quién es realmente Claus Patera.
Es enigmático, inaccesible, nadie lo puede ver realmente y opera como amo y señor del Reino Soñado a punto tal que se transforma en una especie de dios omnisciente que todo lo sabe y todo lo ve. Nos queda a nosotros los lectores descubrir qué se esconde detrás de la efigie de Claus Patera, pero todo es desconcertante.
Y más desconcierto genera aun la frase final que Kubin eligió para culminar la historia:
”El demiurgo es hermafrodita”
Repito: Franz Kafka consideraba a “El otro lado” como una de sus novelas predilectas y Herman Hesse la definía como una obra maestra.
Tan errados no deberían estar ya que la misma impresión me causó a mí, que soy un humilde lector.
Hay que leer “El otro lado” para comprobarlo.

https://www.goodreads.com/review/show/2339161722?book_show_action=false&from_review_page=1
La Bestia Equilátera
La Bestia EquiláteraDomingo, mayo 20th, 2018 at 8:28pm
Patricio Zunini entrevista a María Negroni a propósito de su libro "Archivo Dickinson" publicado por La Bestia Equilátera y "Objeto Satie" por Caja Negra
La Bestia Equilátera
La Bestia EquiláteraSábado, mayo 19th, 2018 at 9:04pm
'El camello' de Lord Berners, la novela favorita de Dalí

Reseña de Yani para Goodreads

Qué lectura tan amena y curiosa. Me gustó mucho este libro que a simple vista parece estar contando una historia sencilla y algo loca que después vira hacia un tono más serio. El camello es un libro corto que tiene todas las características para ser considerado como “de despeje” y encierra varias lecturas en el camino que lo complejizan. La reseña no será larga porque prefiero contar lo justo y necesario.

El matrimonio entre el pastor anglicano Aloysius y su esposa igualmente anglicana, Antonia Hussey, es una maravilla. Viven en un pueblo donde nada sale de lo normal y llevan una existencia tranquila hasta que un camello toca la puerta por la mañana. Sí, un camello. Lo encuentran parado en la puerta, no hay un dueño a la vista, no parece haberse escapado de ninguna parte. Le falta un origen y esa es la pregunta que se hará el matrimonio hasta que deciden hacerse cargo de él, más por insistencia de Antonia que por compasión de Aloysius. Y luego empiezan a suceder hechos extraños.

Los personajes del pueblo (Lady Bugle, Scrimgeour, Picpus, el almirante) son muy pintorescos, casi ridículos, y hacen que El camello sea muy fácil de recordar. Sin embargo, creo que el animal es el protagonista principal. Se hace entender por Antonia (y él la entiende a ella) y se ganó mi simpatía. La pregunta “¿de dónde salió?” dejó de ser una preocupación en cuanto empezó a revitalizar el pueblo con su presencia y acepté, sin mucha indecisión, que quedara algo sin resolver.
https://www.goodreads.com/review/show/2032245226?book_show_action=true&from_review_page=1
La Bestia Equilátera
La Bestia EquiláteraViernes, mayo 18th, 2018 at 11:11pm
Violencia y dignidad de la pérdida

Por Luis Chitarroni para la revista Ñ

Se publica Moriría por ti, volumen de cuentos dispersos y desconocidos del autor de El gran Gatsby.

En esta colección de relatos perdidos de F. Scott Fitzgerald, alguno, buscado más tiempo del que se debe dedicar a estas pesquisas –“Perla y piel”, por ejemplo, “Qué hacer”, “El pagaré”– encuentra por fin la recompensa prometida. En medio de la pista de danza, el detalle entrevisto es memorable y sorprendente; en medio aun del final del cuento.

El genio de Scott tiene mucho de “método”: cómo intercalar una idea sobre Guerra y paz en un consultorio, o un epigrama telegráfico en un pasaje neutro, son a la vez ambigüedades y gajes del oficio. “El duro consuelo que da la profesión”, como decía Malcolm Lowry. Uno se pregunta –es una manera de reaccionar– qué tienen que hacer tantos papeles documentales, fotografías, copias mecanográficas, en un libro de cuentos. Tienen que hacer: son tácticas de recuperación ortopédica del tiempo ido, diferido. Solo que el encuentro con este material, por tardío en mi caso, instila también el bacilo incorruptible de la decepción.

Pido disculpas por mi escepticismo acérrimo, pero no es probable que estos relatos modifiquen la idea que el lector tenía de F. Scott Fitzgerald, si es que tenía alguna (cimentada acaso por la superioridad de The Crack-Up a partir de un comentario filosófico), ni que provoquen una menos afín a cierta estereotipia sociológica de “los años locos”, esa idea fija inalterable que sobresalta cada tanto a los editores. De acuerdo con la máxima sobre la rosa de su frecuentada Gertrude Stein: “Scott es Scott es Scott es Scott…”.

Todos los relatos, en cualquier caso, reúnen los requisitos indispensables que el talento del autor de El gran Gatsby y Tierna es la noche presenta cada vez que son solicitados: la inventiva propia de cada cosa que se narra (como si el primer requisito del realismo fuera la falta de remordimientos); un vocabulario preciso, acerado; una duración más o menos exacta, digna del minutero de “la ficción calculada”, rematado, entre el laconismo y el understatement, con autónoma elegancia; juegos y batallas libradas en el periodismo de los años heroicos (con editores que protegían bajo el brazo un canon cancerbero de economía menos original de lo que demuestran cuando sus protegidos revelan “el secreto”). Editores que se encargaron de entrenarlos para pertenecer a un grupo resignado, como estos relatos, a que “perdido” (como ocurría con “generación”) confiriera dignidad y respeto.

Entre la oscuridad de Faulkner y la fanfarronería de Hemingway, Francis Scott Fitzgerald ocupa un lugar superior de modesta independencia: la obra se encarga de coincidir con la leyenda, ni más ni menos, y es a la vez más breve, menos circunstanciada (aunque esta buena recuperación lo niegue) y más trágica. Y la locura de Zelda y la inocencia (no se sabe si, a partir de “Babilonia revisitada”, perdida o no) de Scottie, cumplen su función, más o menos trigonométrica, de acuerdo con el biógrafo de turno. El carácter posicional que cada cuento encuentra en ese diseño no deja de parecer buena estrategia, y Anne Margaret Daniel, editora y prologuista, bien se encarga de recalcarlo.

Me corrijo: entre la concisión activa de Hemingway y el prolongado y voluptuoso balbuceo bíblico de Faulkner, el tratamiento clínico de lo narrativo de F. Scott Fitzgerald cumple, como corresponde, una función terapéutica. Se puede notar en la mayoría de los finales de estos cuentos que tienen remates muy característicos, casi dictados por una fórmula. Las fórmulas tampoco implican algo negativo. De hecho, era un reclamo pertinente, que podía de alguna manera tender el puente entre Ring Lardner, por ejemplo, y John Peale Bishop. Los reclamos, en cada uno de los casos, provienen de un principio nada dictatorial, la readability, que no es un equivalente exacto de la legibilidad. Establecer esa secuencia tranquila entre la descripción y el acontecimiento exige aptitudes distintas en el relato y en el guión, cápsulas y cláusulas diferentes de ritmo y de tiempo. Francis Scott Fitzgerald estaba siempre a punto de aprenderlo todo cuando la educación, como suele ocurrir casi siempre, fue interrumpida.

Aparte de su admiración por James Joyce –la campaña de prensa de Shakespeare and Co. encontró a Zelda y Scott in situ–, el autor de estos cuentos admiraba a pródigos distribuidores de palabras como James Branch Cabell (Carl Van Vechten andaba por ahí, menos entre gallos que a medianoche), de modo que, además de los concienzudos editores con pipa, reguladores del idioma, como H.L. Mencken, eran necesarios para darle un sentido más puro a las palabras de la tribu.

Alguna vez Scott Fitzgerald pregunta a uno de sus agentes o editores si con lo que le darán por el relato podrá pagar el alquiler. En ese sentido, considerado el conjunto, Moriría por ti es una de las grandes lecciones (como Suspense, de Patricia Highsmith) de la relación de los escritores y el dinero que proporciona (o no) la literatura a la que ha concurrido como modo de ganarse la vida.

Eso lo divulga un film de los hermanos Coen, Barton Fink, algo que otorga una especie de lóbrega rigidez legendaria a la relación entre la actividad literaria y la industria, condenada, tanto por el registro real como por la inmediata construcción que lo ensombrece, al fracaso. Aunque el film de los Coen tiene los desvaríos pertinentes que lo alejan tanto de la alegoría paródica como de la restricción del género, se dirigía directamente a Clifford Oddets y a Faulkner y su musa, Meta Carpenter, el famoso fracaso de Francis Scott Fitzgerald como guionista, disfrazado de cínico y elegante fantasma, asiste un paso antes o después.

Otro talismán de estas narraciones, presente, no por omisión, lo presta la comitiva de beldades de Hollywood –de Constance Talmadge a Claudette Colbert–, quienes, como una estela de dríadas con diadema, acompañan a la malograda Zelda.

Moriría por ti, F. Scott Fitzgerald. Trad.: Justo Navarro. Anagrama, 512 págs.

https://www.clarin.com/revista-enie/literatura/violencia-dignidad-perdida_0_B1MVfk-Cz.html