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Concurso de Novela

El 29 de noviembre cerró la recepción de obras del Premio La Bestia Equilátera de Novela. En total recibimos 804 textos, provenientes de 27 países y más e 200 ciudades. Las obras serán leídas y evaluadas por el comité de lectura, que elevará entre 10 y 16 finalistas al jurado, que elegirá al ganador. Esperamos tener novedades en el mes de marzo. Muchísimas gracias a todos por participar.

 

@labestiae#PremioNovelaLaBestiaEquilatera

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La Bestia Equilátera

La editorial toma su nombre de una novela homónima que se empezó a escribir hace quince años. ¿Quién sabe cuánto tiempo más hará falta para que su autor ponga el punto final? En el otoño de 2006, cansado de esperar, un grupo de fanáticos amenazó al escritor con el célebre imperativo: "Primero publicar, después escribir". Así, decidieron aguardar el nacimiento de la misteriosa bestia editando libros con su mismo sello para mantener viva una vieja ilusión: siempre habrá alguna obra maravillosa que todavía no fue descubierta, no se tradujo o ni siquiera comenzó a escribirse. http://tienda.labestiaequilatera.com/es/ http://www.labestiaequilatera.com http://blog.labestiaequilatera.com http://twitter.com/labestiae
La Bestia Equilátera
La Bestia EquiláteraDomingo, abril 22nd, 2018 at 1:36am
Rodolfo Santullo realiza una excelente reseña de Los Elementales para el blog Socio espectacular, de Uruguay. Pronto arribará a ese país una reposición de la novela de Michel McDowell a través de Distribuidora Escaramuza

La tercera casa

En un nuevo rescate de la excelente editorial La Bestia Equilátera descubrimos Los Elementales, recomendada obra del novelista estadounidense Michael McDowell, guionista de Beetlejuice y The Nightmare before Christmas.

El destino de las familias Savage y McCray parece inseparable desde hace varios años ya. Por tanto, es natural que luego del sepelio de la matrona de la familia Savage-Marian, una vieja malvada y cruel, se retiren a hacer el duelo a la costa de Alabama, donde cada familia cuenta con una casa antigua, victoriana, de veraneo. Hay, además, una tercera casa. Abandonada desde hace años, las dunas de la playa la han invadido hasta mediarla de arena. Esto no impide —quizá lo favorece— de que “algo” viva allí. Algo que ha vigilado desde siempre a los Savage y a los McCray.

Michael McDowell falleció muy pronto —escasos 49 años— pero es considerado (sobre todo a partir de su redescubrimiento reciente realizado por, entre otros, Stephen King) uno de los maestros del gótico sureño (comparado por la crítica con Flannery O’Connor, Carson McCullers y Tennessee Williams), y esta novela es su primera traducción al español. El propio McDowell consideraba a Los Elementales su obra maestra, y la lectura dinámica y adictiva que propone el texto hace entender fácilmente el porqué.

Presentada como una novela de horror —con paralelismo o influencias de autores clásicos como Howard Phillips Lovecraft o Robert Chambers—, Los Elementales transita más por una suerte de drama familiar torcido, uno que miramos, nosotros los lectores, a través de una lente que distorsiona situaciones cotidianas y las pasa por el tamiz de lo extraño. Esto es así ya desde el mismo comienzo de la novela —el funeral de Marian Savage—, cuando asistimos a un extraño rito de la familia que se explicará, varias páginas después, con una escabrosa anécdota. McDowell construye así su novela, a partir de secretos familiares, toscas tradiciones sureñas y la existencia de un mal inexplicable esperando solo para causar daño.

En esencia una novela coral, seguimos sin embargo a una casi protagonista en la figura de India McCray —la adolescente, miembro más joven de la familia y quien visita por vez primera Alabama—, cuyos ojos frescos serán nuestra guía en el descubrimiento —el suyo que es el nuestro— de las curiosas tradiciones familiares. India tendrá una suerte de Virgilio en Odessa, la criada negra de la familia, quien será la única capaz de dimensionar el horror atroz que acecha desde la tercera casa hundida en la arena.

Escrita y publicada originalmente en 1981, Los Elementales sirve también como fresco familiar de un momento político e histórico, así como geográfico: primero que nada, esto es el Sur. Y como tal —para asombro constante de India— es que se solucionan las cosas, se hablan —o no— las cosas. McDowell va construyendo el horror de a poco, con cuidado y con mucho cariño para con sus personajes —alejados por completo de los clásicos monigotes del género, cuyo destino no podría importarnos menos—, haciendo de ellos entidades por completo tridimensionales y, en algunos casos, hasta queribles.

Y para mantenernos dentro de las coordenadas de género, el final. Siempre el final es pieza clave en el horror. Pero ya decía —creo— Sir Arthur Conan Doyle aquello de que “es más simple construir un misterio que la solución del mismo” (cita elaborada de memoria, disculpen la imprecisión), y McDowell no logra escapar a este axioma. Su final es algo atropellado, con el destino de algunos personajes cantado y, por cierto, no a la altura de la maravillosa novela hasta entonces construida. Lo que no quita —sin duda que no— que Los Elementales es todo un hallazgo, una estupenda novela de horror gótico sureño y, ojalá, la primera de muchas que La Bestia Equilátera traduzca a nuestro idioma.
https://socioespectacular.com.uy/la-tercera-casa/
La Bestia Equilátera
La Bestia EquiláteraSábado, abril 21st, 2018 at 12:27am
Bafici: Un libro, una película

Por Helena Perez Bellas

Los Elementales de Michael McDowell

Los elementales de McDowell es una novela de terror que se encontraba inédita en nuestro país. Favorita de Stephen King con motivos más que claros. Sacude desde un terror familiar, refinado y con lo que importa fuera de foco. Con algunas imágenes de crueldad inesperada en el comienzo, funerales en los cuales se chequea si los muertos están realmente muertos con la sencilla técnica de… apuñalarlos, McDowell tiene morbo, tiene gracia y escribe bien. Asusta, pero también tiene ribetes hilarantes que logran algo en el lector. Una tenue culpa por reír ante hechos terribles.

Cecil B. Demented de Waters

Waters hizo historia en el BAFICI hace más de una década y demolió salas de la vieja sede del Abasto con esta joya llamada Cecil B. Demented. Lo sé porque yo estuve ahí y volvería a estar solo que mejor dejar ese recuerdo de juventud y fuerza tal cual quedó fijado en la memoria. Pero no tiene que ser así para el resto, hay que ver esta locura hermosa que contiene mil géneros. Comedia, terror, suspenso, parodia, todo se encuentra en la cabeza de Waters que lleva al máximo la guerra contra el cine comercial y encuentra por primera vez una película que se imponga al resto de su obra. Dejando su clásica escatología, Waters acá hace algo fundamental: le rinde tributo al cine.

Otro año llega y con este nuevo año llega abril y con este mes el BAFICI. Estudio Libres este año también recomienda películas pero de la mano de un libro.

Hay que aprovechar los tiempos muertos del festival, los que se dan entre película y película, y lo mejor es buscarse un espacio y leer. Plaza Francia en la zona del Village, el barcito del Artemultiplex y la calle Corrientes con su Sala Lugones y sus mil librerías. No hay plan más lindo que ver películas y leer. Acá acercamos algunas opciones.

Vacaciones de Isabella Eklof y Una novela criminal de Jorge Volpi

Una novela criminal, la nueva no ficción de Volpi, viene de ganar el premio Alfaguara y el apoyo de la crítica. Acaba de llegar a las librerías de Buenos Aires y no decepciona. Quien la tenga en sus manos queda atrapado en una vorágine de crímenes y delitos sucedidos en México y totalmente verdaderos. Volpi hace literatura de no ficción pero el ritmo que le imprime es acelerado y adictivo. La novela tiene eso que demanda la buena literatura: te mete adentro y no te deja salir.

Vacaciones encuentra su estreno en América Latina. Eklof se mete con la mafia turca y se dedica a seguir los pasos de los gángsters en la riviera. Con una protagonista a la cabeza, Sascha, y un ritmo desenfrenado lleno de lujos y creciente violencia, Vacaciones aterriza desde Sundance directo al BAFICI.


Los amantes regulares de Garrel y Un Mensaje sin código/Ensayos completos en Communications de Barthes

Garrel es absolutamente todo. Todo lo que hizo Garrel está bien en la vida pero L.A.R. está especialmente bien. No solo es bellísima, poética, comprometida y política, es cine en su totalidad. Filmada en un blanco y negro del más fino calibre, Garrel se mete con todas las ilusiones de los jóvenes del mayo del 68 y tira metraje sin pausa porque puede. Las utopías, las contradicciones, la música, la belleza y la derrota. Todo convive en Garrel y todo conmueve, conmueve y modifica. Quien ve a Garrel cambia y cuando cambia, lo hace para bien.

Barthes… una vida entera leyéndolo. Siempre tiene una palabra, un artículo, un libro o una entrevista que pasan a formar parte de la construcción de lo que llamamos “intelecto”. No solo eso, Barthes empuja más allá del rol del intelectual, o universitario, y nos habla a los plebeyos. La lucha por el lenguaje, es la lucha por el poder y Barthes sabe, por ende, comparte. Esos ensayos completos de Communications pueden ser más o menos accesibles, pero son como dice Barthes sobre la escritura viva, un acontecimiento.



Jeune femme de Léonor Serraille y Tan cerca/En todo momento/Siempre de Joyce Carol Oates

La comedia francesa viene buscando su tono comercial hace años. A veces falla, muy pocas acierta cuando se trata del mainstream. Cierta magia se perdió y no es para menos, los nombres que marcaron su época de oro son inigualables. Jeune femme aparece como una respuesta moderna y ágil a eso. Excéntricas, inalcanzables y perfectas, las francesas son así y es imposible odiarlas, aunque a veces estemos al borde de lo soportable, porque son en el fondo y por delante heroínas absolutas. ¿Qué cine mostró mujeres que son dueñas de si mismas? El francés. Y allá vamos.

Oates es una de las grandes escritoras americanas vivas. De no ser por Ozick sería la más grande. Insoportable para muchos, aburrida para otros, inabordable para demasiados. Es cierto que Oates escribe sin parar y a veces hay cosas mejores y otras no tanto. Una vez me preguntaron, ¿tiene libros malos Oates? Respondí que sí, pero con una salvedad: incluso cuando escribe mal, Oates, frente a la “competencia”, escribe bien. Este estreno de Fiordo no es la excepción.

Suggs: La historia de mi vida de Julian Temple y Touching from a Distance de Deborah Curtis

Suggs, el ex cantante de Madness, entró en plena crisis. Los hijos se fueron de su casa, tiene 50 años y se le murió el gato. No le falta nada. En ese camino Temple se carga al hombro la idea de filmar algo diferente. Un stand up, un largo monólogo, una confesión en clave intimista, pero con las clásicas introducciones documentales de Temple, que reconstruye con humor y nostalgia la vida de una leyenda de la música.

Es difícil encontrar a alguien más complejo que Ian Curtis, sin duda la música dio decenas de personajes y artistas con altísima carga de complejidad pero algo tiene y siempre tendrá Curtis que pasan los años, pasan las generaciones y sigue firme ahí como testimonio de vida y leyenda absoluta. Con una traducción excelente, rareza en nuestro país, y la historia de una mujer que es viuda pero también narradora, testigo y protagonista, este libro, que es un clásico, se hace un lugar en la lista a puro oficio y corazón.

http://www.estudiolibres.com.ar/blog/recomendaciones-en-el-bafici-2018
La Bestia Equilátera
La Bestia EquiláteraViernes, abril 20th, 2018 at 5:55am
Una fábula contra el optimismo

por Cecilia Macón

"Las situaciones más sublimes pueden ser víctimas del ridículo, el escarnio o la ironía." Lejos del spoiler, la última frase de El otro lado, de Alfred Kubin, permite subrayar las ambigüedades de este clásico fantástico, publicado en alemán en 1909.

Nacido en la actual República Checa, Kubin (1877-1959) fue escritor, pero también ilustrador de libros. Las imágenes que dedicó a obras de Edgar Allan Poe y Fiodor Dostoievski son consideradas precursoras del expresionismo. Las historias conservan el mismo tono, aunque le suman una dimensión irónica, que se reconoce en aquella frase final. Amigo de Franz Kafka y de Paul Klee, Kubin pronto se alejó de los círculos de vanguardia para continuar su labor en solitario, sufrir intentos de suicidio y morir, tras cincuenta años de aislamiento, en un castillo medieval.

El otro lado -su única y celebrada novela- narra la historia de un joven artista centroeuropeo que, atraído por la invitación de un antiguo compañero de escuela que se volvió rico, se traslada al Reino Soñado, en Asia Central. En ese lugar de ficción todos los problemas materiales están resueltos y cada habitante puede dedicarse a explorar sus propios intereses. La promesa de felicidad, en términos de estricta riqueza material, enciende el optimismo del protagonista. Enfrenta algunos primeros obstáculos al salir del mundo europeo y, a poco de llegar al Reino Soñado, sus certezas ilustradas comienzan a desmoronarse. Patera, el amigo, ejerce un poder absoluto y no teme imponer la violencia contra los habitantes, aunque parezca reinar la armonía. La ropa y la tecnología anticuadas son un anacronismo que al poco tiempo dejan de resultar pintorescas. Las fantasías parecen hacerse realidad. El mundo animal invade el humano. Las enfermedades no tienen cura. De día nunca brilla el sol y de noche jamás se ven la luna ni las estrellas. Se torna difícil distinguir entre sueño y vigilia. El apocalipsis ha venido de la mano del entusiasmo por un banal mundo mejor. Los límites entre utopía y distopía pueden ser, como en este caso, porosos.

Las ilustraciones de Kubin incluidas en El otro lado, que se valen de la tinta china, muestran con brillantez esa degradación claustrofóbica que tanto influyó en cineastas expresionistas como Murnau. A la luz de una trayectoria artística que, además de relatos e ilustraciones oscuras, también incluye el trabajo en revistas satíricas, es posible leer la novela más allá de su trama. No sólo relata cómo un mundo ideal puede implosionar: también expone con ferocidad la fe optimista de toda una época. La denuncia de esa ilusión fue profética: en 1938 la producción de Kubin fue calificada por los nazis, absurdamente, como "arte degenerado".

EL OTRO LADO

Por Alfred Kubin
La Bestia Equilátera
La Bestia EquiláteraJueves, abril 19th, 2018 at 12:03am
Elvio Gandolfo: "Joya secreta del terror"

(reseña de 'Los Elementales' de Michael McDowell en La Nación)

En el terreno de la lisa y llana fama pública, Michael McDowell es relativamente conocido como guionista de dos películas de Tim Burton: Beetlejuice (1987) y El extraño mundo de Jack (1993), películas que desplegaban un manejo muy personal del grotesco y el terror. Es a este último género que McDowell (1950-1999) dedicó sus mayores esfuerzos como narrador, dando a conocer tanto ediciones de bolsillo originales como guiones de series. Su interés iba más allá de la literatura: era famosa su colección de objetos y documentos relacionados con la muerte (fotografías, ataúdes, lápidas de los estadounidenses) en todas sus formas y épocas, un acopio que a menudo consultaban los historiadores.

En alguna entrevista, McDowell declaró que los principales autores que lo formaron fueron Eudora Welty y H. P. Lovecraft. Ambos mundos (el sur norteamericano de la primera, los monstruos del segundo) se cruzan en Los elementales, novela de 1981 que está considerada su obra principal. La originalidad es notoria: lo macabro de la historia se va entregando de a poco, al mismo tiempo que se recupera y renueva la tradición de la casa embrujada.

La muerte de una matrona sureña, veterana y malvada, provoca ya en las primeras páginas un extraño -también chocante- rito familiar funerario. Después, el grupo de personajes se traslada a una zona donde se alzan, a la vista del golfo de México, tres mansiones góticas victorianas. Dos de ellas, al parecer, inofensivas y habitadas. La tercera, vacía y ominosa. La arena blanca es un elemento añadido, extraño por su particular comportamiento.

La personalidad de los distintos personajes se va afirmando con datos precisos y a la vez singulares. Si hubiera que elegir a quienes luchan con más vigor contra el Mal, podría nombrarse a India, una niña criada por un padre medio hippie, y Odessa, una criada negra conectada con el plano sobrenatural. Dos peligros del lugar común (la densidad asfixiante de las novelas de familias sureñas, aquí los McCray y los Savage, y los lugares comunes del terror) son apartados con buen pulso por McDowell. De hecho, la novela aprovecha a fondo tanto el clima natural extraño (cruce de playa y niebla fugaz, nada inglesa, con lugar vacacional y maldito), que mezcla el calor extremo y la lluvia intensa, como la composición pintoresca y variada del grupo de personajes. En ese sentido, los diversos protagonistas se recortan con la nitidez de naipes de tarot y alcanzan un matiz más delicado en la relación entre India y Luker, padre e hija, venidos ambos de la remota Nueva York.

Los elementos terroríficos, si bien cumplen con la cuota macabra de rigor, operan con un dinamismo similar. Paralelo al tema central se desarrolla otro eje, relacionado con una veterana alcohólica y su marido, político y manipulador, que aparece tardíamente en escena, pero que ya figuraba en los diálogos previos. Se lo veía como un personaje "moderno", y, por lo tanto, desde un punto de vista sureño, perverso.

India y Odessa construyen, por un lado, una típica pareja de luchadoras épicas contra el Mal. Los demás personajes de las dos familias, por otra, se van relacionando entre sí para establecer combinaciones dobles o triples, a veces cargadas por el pasado familiar, lejano o cercano. De todos modos, lo que importa para el lector es sobre todo la acción del presente. El estilo es ágil y pragmático, también sintético y sorpresivo con sus golpes de efecto, a puro susto o emoción.

Resulta casi imposible no ir imaginando, a medida que transcurren las páginas, el film que resultaría de filmarse la novela, y hasta la larga serie de actores que podrían encarnar a los personajes. Pero el ajuste final del círculo de terror, que da nombre al libro, hace olvidar todo lo que no sea la vorágine de movimientos angustiosos de las últimas páginas, que se ocupan de cerrar la mayoría de los hilos sueltos. Alguno, adrede, queda suelto.

Stephen King supo elogiar a McDowell: después de Los elementales dan ganas de conocer sus otras novelas.

https://www.lanacion.com.ar/2087233-resena-los-elementales-de-michael-mcdowell
La Bestia Equilátera
La Bestia EquiláteraMartes, abril 17th, 2018 at 9:23pm
Archivo Dickinson
(Publicado por La Agenda Revista)

María Negroni encuentra a Emily Dickinson con la lealtad y la agudeza que consiente haber sido su traductora, dice Luis Chitarroni de este libro publicado por La Bestia Equilátera.

por María Negroni

Dolor

Una fuente de agua donde debo llamear por mí misma hasta que todo se apague mucho, como si estuviera agonizando, casi un cuerpo sin boca ni ojos ni corazón ni etcétera, lanzado a su propia turbulencia en cero beatitud. Otra vez Eros, quién si no –cerca y lejos de mí–, irresistible bicho. ¿Qué hacer para amar sus heridas por doquier? Mi casa bebe enardecida y animales erróneos por toda partitura.

Sueño

La mujer avanzaba por un jardín de escarchas. La blancura le pareció un engaño, algo así como un tedio irresuelto. Esperó a que un zorro le acostara la vida. “El problema”, pensó, “es que retornaré como ceniza. A esto le llamamos: perfección imperfecta, durar, exiliarse en la carne de la propia astucia, sin renunciar jamás a las neuralgias –ningún día en un año.” La mujer sucumbió sin dejar rastros o el jardín se esfumó con las fauces abiertas.

Cobardías

“Huye en el lugar. Invéntate fábulas”, dice el lenguaje. “Cambia el sexo del miedo por ceniza”.

Fortaleza
Se golpea una puerta y aparece una sombra. Nadie sabe quién es, ni qué viene a ovillar en el sur del alma.
La presencia es escueta y avanza a durísima pena, dejando atrás anaqueles, con obras de Whitman, Emerson, Mr. & Mrs. Browning.
Ceremonia muy sobria en un cuarto dispuesto para la reclusión y la duda. En ese silencio se educan los miedos, se disimula el amor, se pergeña un tratado sobre aquello que es cierto solo por dentro.
La violencia es una ternura olvidada. Ilustración de Esteban Serrano

Promesas

Poco será lo que me lleve cuando consiga amanecerme: alguna mosca sorda, lo absoluto del agua, un paisaje sin nieve y noche después. Y sin embargo, insisto, edifico lo hostil de la caverna como si quisiera enamorarme. Una y otra vez, me estoy de una ansiedad, desciendo al hueso musical que más me acune.

Aventura

La Muerte se dirige –con morosa insistencia– a Nadie en particular.
“¡Qué placer!”, susurra. “No estar sino ir, hacer que las cosas crezcan y se completen con su propia falta”.
Nada más ocurre. Apenas unos trazos en la calle efímera y no quedan ni el deseo ni la idea del deseo. Solo, acaso, un perro, una espada, una corbata colorada: ningún otro cielo que el de abajo.
Por un camino de muchos años, pasan cigüeñas con su voz doble.
Son las vidas futuras, por sí o por no, repartiendo a gritos sus golosinas.

Pájaros

Un talento se yergue, de pronto, en la jaula ilustrada y desata lo que se ató en los dentros. Casi nada y todo: montados sobre una frase obscena, altamente indebida, los pájaros de cuarto en cuarto, con la camisa abierta, yendo días y viniendo días. Y en esa embebecida fiebre, el desvariado amor sobre un dolor de huesos, con sus chichones contra ningún lado, sus bendiciones falsas. Yo también practico, Yo ejercito mi exilio en dípticos descalzos.

Vida

“¡A hamacarse, muchacha!”, dijo la Muerte. “¡A celebrar la luna de muchos huesos!”.

Alfabeto

Maldición. Cuando el cuerpo se alarma, es difícil hablar. Las palabras, como animales parcos, tropiezan, dejan estelas huecas. En realidad, llevan años en una nube torva, con su melena erguida, sus costillas rotas, su corazón más despertado. Años designando cosas que han dejado de ser o comiéndose imágenes sin ton ni son. Cabe preguntarse hasta qué torre seguirán durando, con qué declive en la gramática, bajo qué luz herida por la luz para llegar a un goce más concéntrico.

Amén

Que la vida me encuentre cubierta de harapos, con los ojos cóncavos. Que me sueñe menguante, sin la ayuda de gente –vertical– o dichosa.
Que no creer en nada sea mi fe, mi éxtasis más hondo extinguirme.
Que arneses me arrastren hacia el gran trabajo.
Que unos cuantos niños de oraciones blancas.
Que los más de los días.
Que el barullo
y la gracia.

Confesión

Quiero unirme a la secta de los cazadores, buscar la herida discordante, al margen del lenguaje, o arriba, o de espaldas, pero nunca tarde, ni siquiera con violencia amable o miedo homicida a mi presa amorosa. Vino la estrella de la negación y me miró hacia adentro. “Te equivocas”, dijo. “¿No sabes que el cuerpo añora inexistencias? ¿Como si fuera un muerto recién nacido?”. No contesté. Vi que blandía en las manos la flor del delirio y me alejé en voz baja, asustada, imitando a una bestia gris.

María Negroni

María Negroni encuentra a Emily Dickinson con la lealtad y la agudeza que consiente haber sido su traductora, dice Luis Chitarroni de este libro publicado por La Bestia Equilátera.
http://laagenda.buenosaires.gob.ar/post/172932237060/archivo-dickinson